Por fin la tercera y última parte de la saga Divergente, de Verónica Roth: Leal (ooooh, no acaba en –ente!!).

Para no destriparos nada voy a hacer otra vez el truquito de
tapar la parte de spoiler. Si habéis leído Insurgente, pues clickad en
“mostrar”. Si no, podéis seguir leyendo lo de después.
En Insurgente Tris y sus compañeros investigaban el motivo por el que Erudición acabó con Abnegación. Los acontecimientos acabaron con Tris afectada por la traición de su hermano y con Jeanine muerta y su revolución fracasada, amén de con el destape de un secreto que en realidad ya me había desconcertado desde el comienzo de la saga: qué hay más allá de Chicago, porque resulta que hay algo… Bueno, pues Leal narra las peripecias de Tris en el mundo exterior, por lo que si simplemente el final de Insurgente no hubiera incluido este secreto, nos habríamos ahorrado la tercera parte.
Leal no es que esté muy mal, simplemente lo cogí con ganas espoleado por el final del segundo libro y resulta que me pareció pesado, con muchas menos aventuras y más rollo amoroso entre Tris y Tobías, que andan como el perro y el gato.
Esta tercera entrega cuenta con una novedad: antes los capítulos
no tenían nombre; ahora llevan el nombre de Tris o de Tobías, según la
perspectiva del personaje que desarrollen cada vez. Hay capítulos en los que la
acción se desarrolla centrada en Tris, con sus pensamientos, sensaciones,
sentimientos, etc. y otros en los que se narran en primera persona por Tobías.
Es un poco más como lo que comentaba al final de la reseña de Insurgente de la influencia en Veronica
Roth de la obra de George R. R. Martin (allí lo hacía en referencia a la manía de matar personajes importantes), pues sin duda sabéis que Canción de hielo y fuego (o Juego de tronos, si sois más de la serie) tiene como característica que la
acción no se detiene nunca, y se desarrolla en cada capítulo según uno de los
personajes. Francamente, no creo que haya comparación entre una saga y otra
(gana Martin, lo siento Roth), pero me lo recordó al leerlo.