El prisma negro es la primera parte de
una nueva trilogía (El portador de luz) escrita por Brent Weeks, autor de la
saga El ángel de la noche, que ya os reseñé en su momento.
Se publicó
hace tiempo, pero hasta junio de este año no salió en bolsillo, coincidiendo
con la publicación de la segunda parte (os hablé de ello aquí), y es en esta
edición como la compré y leído. Me ha gustado lo bastante como para no esperar
a que salga la segunda parte en bolsillo, aunque no tanto como la anterior
trilogía.
Pero vamos
por partes, lo primero os cuento de qué trata. Lo voy a hacer ayudándome del
booktráiler, que ya os he dicho en otras entradas que me gusta, es muy
cinematográfico. Dadle al play y seguid leyendo:
El prisma negro es una novela más coral
que El camino de las sombras. Aquí
nos vamos a encontrar con varios personajes principales. Los más importantes
son Kip y Gavin. Kip es el chaval negro de ojos azules al que veis huyendo junto a sus amigos
de unos soldados al principio del booktráiler. Los soldados forman parte de las
huestes del rey Garadul, el de las barbas y melena, que arrasan la ciudad donde vive Kip con su madre, una
borracha adicta a las drogas.
Gavin es el
hombretón barbudo que se levanta de la cama un poco más adelante del
booktráiler. Es el Prisma, la máxima autoridad religiosa de la Cromería, que
rige sobre las siete satrapías en que se divide el mundo.
Luego está
Karris, perteneciente a la Guardia Negra, los soldados de élite que protegen al
Prisma y a los Colores (luego os explico todo esto). Su relación con Gavin es
compleja y viene de lejos en el pasado. Supongo que es la mujer que podéis ver
luchando junto a Gavin en el booktráiler, a veces con unos anteojos verdes.
Liv aparece
más adelante en la historia. Es una muchacha oriunda del mismo pueblo que Kip,
y de la que este está enamoriscadillo.
Como veis en
el booktráiler, la novela está plagada de acción y magia. Lo que vemos en él
nos relata las primeras páginas del libro. La trama es la siguiente: Garadul es
un sátrapa, subordinado a la Cromería, pero decide autoproclamarse rey y
rebelarse. La alcaldesa del pueblo de Kip no apoya esta acción, y el rey decide
castigarlos de manera ejemplar para que no le ocurra lo mismo en otras zonas.
Todo se embrolla porque Gavin, el Prisma, el único capaz de trazar los siete
colores, se entera de que tiene un hijo bastardo, que será ¿adivináis quién?
Exacto, Kip. Y además todo es muy complicado, porque las relaciones políticas
entre las distintas zonas o satrapías son tensas, principalmente porque hace 16
años se produjo una gran guerra civil que enfrentó a Gavin con su hermano,
cuando Orholam, la deidad a la que adoran, decide dar al mundo dos Prismas en
vez de uno. La Guerra de los Prismas o del Falso Prisma, según el bando en que
se estuviera, culminó con la victoria de Gavin y el sometimiento de Tyrea, la
nación que más apoyó a su hermano. Y las rencillas fruto de esta disputa colean
todavía en el momento en que se desarrolla la historia.
La novela
comienza de manera que el lector puede despistarse, pues los detalles sobre
política y magia no se aclaran al principio, sino que van despejándose a medida
que uno lee. Esto desconcierta un poco, así que os voy a aclarar algunas cosas
sin por ello destriparos nada, que soy muy majo:
-El Prisma es
como el Papa, tiene una gran autoridad y es el único capaz de hacer magia a
partir de luz blanca y trazar todos los colores del espectro. Hay un Prisma por
cada generación, y mueren al cabo de un múltiplo de siete años.
-La magia es
muy elaborada y compleja, me ha gustado bastante. Se basa en la luz y los
colores, luego os daré más detalles.
-La Cromería
es el centro político y la Escuela donde se enseña a trazar a aquellos capaces
de hacerlo. A su cabeza están el Prisma y los Colores, que son siete, uno por
cada color del espectro.
-Las
satrapías son las siete naciones en que se divide el territorio. Cada una está
gobernada por un sátrapa y poseen características, cultura y rasgos raciales
propios.
-Trazar
perjudica seriamente la salud. Cuando un trazador usa la magia, sus iris se van
llenando del color que es capaz de trazar. Cuando el color rebosa el iris y
pasa al blanco del ojo (romper el halo se llama), el trazador enloquece y se
convierte en un engendro de los colores, como el tío raro descamisado que sale en el booktráiler luchando con Gavin. No es algo bueno.
-Cada color
tiene sus propias características, y la magia que se puede hacer con ellos es
diferente de un color a otro. Además, trazar un determinado color provoca que
el trazador tenga sensaciones vinculadas a ese color, que afectan a su carácter.
Y creo que
con esas aclaraciones podréis enfrentaros a la historia.
Una historia
que me ha gustado bastante, aunque no hay giros tan sorprendentes como en Camino de sombras, y la acción se
concentra al final de la novela. El primer capítulo nos presenta a Kip,
embarcado en una aventurilla, un poco al estilo del primer capítulo en que
conocíamos a Azoth. Pero hasta ahí toda similitud. Kip me ha sorprendido porque
es un muchacho torpe y gordo, nada que ver con lo que esperas de un héroe.
Tiene una autoestima tan baja que a veces te dan ganas de pegarle una patada.
Os voy a citar un pasaje que me hizo gracia:
“–No te importa si me quedo aquí y charlamos
mientras te aseas, ¿verdad? Te juro que no me daré la vuelta.
–Ah. –Pues claro que le importaba. Se giraría
cuando él estuviera medio desnudo y saldría de la habitación dando alaridos, por el amor de Orholam. Una cosa era que alguien supiera que eras rollizo, y
otra muy distinta dejar que te viera las lorzas.”
WEEKS, B. “El prisma negro. El portador de luz I”.
Debolsillo: Barcelona, 2013. Pp 345. ISBN: 9788490322383.

La trama es
más sencilla que en El camino de las
sombras. Los personajes no tienen tantas motivaciones secundarias y
secretas. Aunque sí tienen su aquel, sí.
Es una de las
pocas novelas de literatura fantástica en las que he visto que hay armas de
fuego y pólvora, no solo espadas y magia. Interesante. Le abre más
posibilidades.
Hay
personajes con nombres como Tisis o Vena. En inglés a lo mejor no pasa nada,
pero en español llama la atención...
Está narrado
en tercera persona, pero a menudo se intercalan pensamientos espontáneos que
van en primera persona, y rompen la monotonía, agilizan la narración y suelen
ser graciosos. Me ha gustado esa técnica.
La parte más
interesante de la novela es, sin duda, la magia. No había leído ninguna que la
explotara a partir de la luz (aunque en Internet he visto que hay alguna novela
que no conozco en que aparecía algo similar), y me ha parecido muy original.
Está extremadamente elaborada, y eso da gusto. Los magos o trazadores deben
emplear luz del color o colores que son capaces de dominar, y con ella generan
luxina, una sustancia moldeable, que es la base de todo el sistema mágico. Cada
color tiene sus propiedades, y todo aparece en la novela argumentado y
razonado, con amplias bases, lo que le da realismo y consistencia. De nuevo veo
que Weeks siente, como yo, admiración por la saga de Jordan, La rueda del tiempo, pues la manera en
que los trazadores se agrupan por colores me recuerda a los Ajahs de la Torre
Blanca de Jordan, donde cada Aes Sedai tiene también su carácter según su
color. Y similar también es la sensación de vacío que embarga a una Aes Sedai
cuando se consume y a un trazador cuando no puede trazar más so pena de
romper el halo. Y es que La rueda del
tiempo es una saga como pocas. Me encanta que haya salido ya el último
libro. Estoy deseando ver cómo acaba, aunque me dé pena. Un recuerdo de luz es el libro que estoy leyendo ahora, así que cuando me acabe sus casi 1000 páginas os
diré qué tal…
Y otra cosa
que os quería destacar de este libro es que una vez más me he leído sus
agradecimientos (ya me pasó en El camino
de las sombras). Este Weeks los escribe con mucho salero:
“Y por último, gracias a los insaciablemente
curiosos lectores que todavía se leen los agradecimientos aunque no esperen
encontrar su nombre. ¿Qué, os ha parecido corta la novela? Venga, largo de aquí
e id a decirle a alguien: «¡Tienes que leer esto! No, en serio. Que sí, que
trae hasta un mapa y todo»”.
WEEKS, B. “El prisma negro. El portador de luz I”.
Debolsillo: Barcelona, 2013. Pp 701. ISBN: 9788490322383.
La portada del libro en bolsillo no tiene mucho que ver con la portada en rústica. No sé por qué. La de bolsillo recuerda más a la trilogía anterior, con asesinos y eso. Creo que la de la edición rústica pega más con la historia. Y aquí os presento además la portada del tercer volumen, eso sí, en inglés:
Me ha gustado
el libro. La trilogía El ángel de la
noche tenía más revueltas argumentales y era muy original. Esta no tanto,
pero su magia y su irónico sentido del humor me han gustado. 700 páginas… ya
puede estar bien, ¿eh? Personalmente creo que Weeks se ha consolidado como un
interesante autor de literatura fantástica. Me encanta que este género esté
renaciendo con autores que no solo nos ofrecen buenas historias, sino que
además las escriben bien. Así que hala, leedlo, que trae un mapa y todo…
-Título:
El prisma negro.
-Autor:
Brent Weeks.
-Género:
Narrativa fantástica.
-Editorial:
Debolsillo.
-Precio:
10,95€.
-Isbn:
9788490322383.
-Alma:
guardiana de secretos y algo mentirosa,
revestida de colores y con aroma a tomillo y resina.
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