domingo, 22 de abril de 2012

1984



Este libro es el mayor coñazo del mundo mundial. Es peor que pasarse toda la tarde viendo a Belén Esteban imitando a Madonna…

 Antes de que os echéis a mi cuello os diré que reconozco que su ideología, el futuro que plantea, el tema de la Neolengua y todo el planteamiento social y político que expone son temas realmente fascinantes y en los que vale la pena pararse a pensar. Pero el libro como lectura en sí, es insufrible.

1984 es una de las más conocidas novelas de George Orwell, hasta el punto de que se emplea el calificativo de orwelliano para referirse al ambiente, lenguaje, sociedad, etc. que describe la novela refiriéndose a cualquiera de estos factores en el mundo real. En ella nos cuentan la historia de Winston Smith, al que calificaría como un pobre hombre, pues se trata de una novela bastante pesimista, por lo que no cabe un protagonista heroico. En el mundo de 1984 el Gobierno lo controla todo. Y cuando digo todo, me refiero a todo. Incluso el pensamiento, pues se emplea el Neolenguaje, una lengua nueva desprovista de multitud de palabras y significados, estimando que si algo no puede ser nombrado, si algo no posee significado, es equivalente a que no existe. Si no existe un concepto para libertad, no se puede pensar ni desear ser libre… ¿Es inquietante, verdad?

El Gobierno vigila a la población, mediante la llamada Policía del Pensamiento, que vela por que nadie tenga pensamientos poco ortodoxos. Aquellos que delinquen son borrados literalmente de la faz de la tierra. A todos los efectos es como si nunca hubieran existido. Se borran todos sus datos, se cambia cualquier artículo periodístico, cualquier fotografía donde aparezcan, y no queda prueba alguna de su existencia. Y lo mismo ocurre con la Historia, que se escribe, inventa y reinventa según las necesidades específicas del momento político.

La sociedad se divide en dos: por una parte, los miembros del Partido, que forman la estructura política y administrativa, y por otro los “proles”, que son la masa del pueblo, generalmente sumida en la ignorancia y el desprecio.

Winston es miembro del Partido, pero un miembro poco importante. Y sus dificultades comienzan cuando empieza a plantearse cosas en las que no debería pensar. Pero no esperéis una apasionante aventura en la que Winston se alce como héroe del pueblo y lo libere. No, 1984 describe una atmósfera opresiva en la que todo es gris y sucio. Y Winston es más bien un sin sangre que poco hace más allá de servirnos de vehículo para ir descubriendo el mundo en el que vive.

Lo mejor de la novela empieza hacia la mitad, donde por lo menos aparece algo de sexo… Pero vamos, que si a mí me pasa como a Winston y la chica para que no los pillen empieza con lo de “gira a la derecha, luego a la izquierda, luego saltas los matojos, andas 100 metros, tuerces a la derecha dos veces y luego vas a la izquierda…” pues, vamos que cojo y la digo “mira, hermosa, casi mejor lo dejamos”. Tanto paseo para un polvo…

Como ya he mencionado la novela en sí es un rollo. No la leáis si no os obligan. Total, si lo que os interesa es el contexto social y político de la novela, podéis investigarlo en Internet y no pasar el calvario de leerla. O si deseáis saber más sobre la Neolengua, podéis leer el anexo que viene al final de la misma.

Esto realmente sí es interesante, e incluso es actual. El Neolenguaje es algo muy complejo, pero para que os hagáis una idea se basa en conservar únicamente palabras que interesan al Partido, y emplear palabras que signifiquen algo agradable para referirse a algo desagradable sin que el oyente se percate de ello. Es como emplear un eufemismo, pero llevado al límite. Por ejemplo, si decimos limpieza étnica, podemos pensar que limpiar es algo positivo, y no nos sintamos tan sensibilizados como si escuchamos asesinato en masa racista. O expediente de regulación de empleo. Suena hasta bonito, y regular el empleo nos hace pensar en hacer algo bueno y mejorar el trabajo, pero significa despidos a lo loco…

El Neolenguaje hace lo mismo. Elimina significados o cambia palabras. Por ejemplo, no existe la palabra mal, se usa la palabra no-bien.

Las palabras tienen el poder de destruir y sanar. Cuando las palabras son buenas y sinceras, tienen el poder de cambiar el mundo”, dijo Buda. Para lograr que alguien haga exactamente lo que uno desea no hace falta amenaza o coacción; no es necesario apuntarle con un arma. Basta con un puñado de palabras escogidas cuidadosamente y declamadas con la entonación apropiada. Retórica es como se denomina al arte de emplear el lenguaje con una finalidad persuasiva o estética, y no meramente comunicativa, y es un arte que existe desde los albores de la Grecia clásica, y que emplea diestramente tanto el político de turno como la sencilla, entrañable y sufrida madre de cualquier adolescente. Y en política, por ejemplo, es esencial que la imagen sea siempre positiva. Por eso se coquetea mucho con la Neolengua y el universo manipulador orwelliano. Esta novela pone esto de manifiesto, y nos hace pensar en lo inquietante y real que resulta. Éste es el verdadero valor de este libro, que nos haga pensar para ser capaces de reaccionar más críticamente. Si en honor de la verdad debo confesar que 1984 se me ha hecho cuesta arriba en algunos (muchos) de sus pasajes, debo ser sincero también al reconocer que me ha dado mucho en qué pensar. Pensad en ello vosotros también y no os dejéis engañar, pero si podéis evitarlo, dejad este libro y leed otro.

-Título: 1984.
-Autor: George Orwell.
-Género: Ciencia Ficción.
-Editorial: Austral.
-Precio: 7,95€.
-Isbn: 9788423342310.
-Alma: ominosa, oprimida, engañosa y ambigua, con regusto de humo gris.

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