sábado, 21 de abril de 2012

Ana Karenina




Todavía no he decidido cómo catalogar esta novela. Está claro que Tolstoi es un gran escritor y que Ana Karenina es todo un clásico. En general es cierto que la novela me ha gustado, pero también que hay partes que son un tostón y necesitas tener al lado la botella de whisky para leerlas.
Para empezar, no esperes encontrar una historia de corte épico-romántico como la película homónima de Greta Garbo. De hecho, aquí el personaje de Ana casi es alguien que ni fu ni fa. La novela habría de haberse titulado más bien Catalina Scherbazkaya, pues este personaje y su historia paralela tienen mayor peso en la novela que la de la propia Ana, otorgando además el contrapuesto y el contraste de la historia desgraciada de ésta.
Doy por sentado que todos conocéis básicamente la sinopsis de la obra (si no es así, no sigáis leyendo o hacedlo con cautela): Ana, casada con el funcionario Alexis Karenin, es pretendida por el joven Vronsky hasta que acaba cediendo y fugándose con él. Se nos muestra a partir de ese momento el desprecio que la alta sociedad rusa siente hacia la pareja, especialmente hacia Ana, que es la adúltera (en medio de una hipocresía sublime Vronsky es recibido en sociedad mientras a Ana se le hace el vacío), cómo se siente ella y cómo su amor va degradándose en una espiral que culmina trágicamente.
Ana, que debería inspirar compasión y lástima en el lector, en cambio provoca cierto hartazgo, al menos de la mitad de la novela en adelante, pues las escasas ocasiones en que aparece lo hace sumida en tal estado trágico de desdicha y celos imaginarios que cansa. Lo mejor que se dice de ella son las constantes referencias a su exquisita belleza. En comprensible, no obstante, que Ana sienta ese torbellino en su interior: sufre remordimientos, más que por su marido, que la novela confiere un carácter casi reptiliano que no capta la simpatía del lector en ningún instante, por su propia situación. Su temor más grande es que Vronsky deje de amarla y quede ella en una especie de limbo, sin poder volver con su familia ni aceptada en sociedad. Sin nada. Y esto le provoca celos constantes que no hacen más que enfriar su relación y empeorar las cosas.
Su situación se resume en la fatal situación de rechazo que vive cuando acude sola al teatro, y que recuerda a Escarlata O'Hara con aquel vestido rojo en el cumpleaños de Ashley, solo que sin ninguna Melanie que le tienda una mano.
La mejor parte de la novela, la más expresiva con diferencia, la más sublime y que más se adentra en lo más hondo del lector pertenece, a modo de reinvindicación, a esta pobre Ana, que va en su coche reflexionando, buscando a su amado, combinando sin sentido pensamientos con impresiones de lo que en la calle va encontrando, en un retrato perfecto del estado desesperado en que se halla. Tolstoi recrea en esos momentos un psicología perfecta. Ya en otros fragmentos de la novela se aprecia la profundidad con que el autor expresa el pensamiento y sentir de los personajes, pero es aquí, en los últimos momentos de Ana, cuando más hace sentir al lector. Como cuando, sumida en su reflexión, ve de pronto a unas jóvenes caminando alegres, y piensa: “¿de qué se reirán? Seguramente su alegría tendrá por causa el amor. No saben que el amor es solo llanto y amargura”.
Por otro lado, Vronky es más bien un canalla, que desprecia los sentimientos y el daño que causa en otras jóvenes, aunque se redima algo con el amor incondicional que profesa a Ana. A ratos cae bien al lector, a ratos no, siendo un personaje difícil de catalogar. Cierto que renuncia a todo por ella, pero básicamente su carácter se resume en aquellas reglas por las que se regía: “sus reglas definían claramente que debía pagar a los fulleros y no al sastre; que no debía mentir a los hombres, aunque sí podía mentir a las mujeres; que no era lícito engañar a nadie, mas sí a los maridos; que era imposible perdonar las ofensas y que estaba permitido ofender, etc. Tales reglas podían ser ilógicas y malas, pero eran concretas y Vronsky, cumpliéndolas, se sentía tranquilo y con derecho a llevar la cabeza muy alta”.
Por lo demás, la novela intercala la historia principal, la de Ana y Vronsky, su marido y su hijo, con otra paralela, la de Kitty y Levin, y con partes que describen el funcionamiento de la política rusa o de su sistema agrario, que conforman un fondo y marco perfecto para la historia, pero que a menudo aburren soberanamente y crean tedio, teniéndose que hacer un esfuerzo para continuar la lectura y pensando que tales partes sean quizá superfluas o, al menos, demasiado extensas. Pero claro, de omitirlas perderíamos el estudio de la sociedad rusa que realiza Tolstoi y no quedaría más que una novela como cualquier otra.
Como ya he dicho, casi podría decirse que los protagonistas son realmente Levin y Kitty, pues aparecen más en la novela, su historia es más profunda y, por supuesto, representan el otro lado de la moneda, cuando el amor es legítimo aunque tenga que vencer obstáculos y es plenamente aceptado en sociedad. Su felicidad se opone diametralmente a la desdicha obsesiva de Ana, en claro ejemplo moralizante. Y es en el personaje de Levin en quien se realizan muchas de las reflexiones más filosóficas de la novela, cuando expresa que no cree en Dios, pero le suplica, o cuando medita sobre la muerte y la moral. Por ejemplo, cuando piensa así: “¿He llegado por el razonamiento a la conclusión de que hay que amar al prójimo y no causarle daño? Me lo dijeron en mi infancia y lo creí, feliz al confirmarme los demás lo que yo sentía en mi alma. ¿Y quién lo descubrió? No lo descubrió la razón. La razón ha descubierto la lucha por la vida y la necesidad de aplastar a cuantos estorban la satisfacción de mis necesidades. Tal deducción es de la razón. La razón no ha descubierto que se amase al prójimo, porque eso no es razonable”. Y, a pesar de ofrecer opiniones tales como que los campesinos no necesitan escuelas ni hospitales, Levin se convierte en el personaje masculino más cercano al lector, por el que se siente más empatía.
El marido de Ana, ya lo hemos dicho, no se acerca en ningún momento al lector, y Sergio, su hijo, protagoniza emotivos momentos al final, pero permanece en un segundo plano la mayor parte de la novela. Daría Alejandrovna y su marido Esteban son otros personajes con cierto peso en la novela. Precisamente para ayudarlos en un asunto de adulterio es como Ana aparece. Y el mejor momento de la novela, el más divertido, sin duda, es cuando Esteban visita a Alexis y a la condesa Lidia Ivanovna estando presente Landau, el francés que predecía el futuro, y casi se queda dormido mientras la condesa leía.
Es curioso, en cualquier caso, cómo la novela crea un círculo, presentando la llegada de Ana con un accidente ferroviario que sería profético de la tragedia de su vida. Y triste que, tras su fin, solo Vronsky parezca recordarla. Ni su hermano, cuya alegría nada puede empañar, parece lamentarlo demasiado. Y el lector, tras el desenlace fatal, prosigue su lectura, en una metáfora de que la vida sigue sin detenerse por nadie, pensando que queda buena parte de la novela faltando ya el personaje protagonista… una protagonista que se cuela justo al final en el corazón de los lectores, y que solo merece este párrafo para despedirse:

Y la luz de la vela con que Ana leía el libro de inquietudes, engaños, penas y maldades, brilló por unos momentos más viva que nunca y alumbró todo lo que antes veía entre tinieblas. Luego brilló por un instante con un vivo chisporroteo; fue debilitándose… y se apagó para siempre.


Una novela, por fin, que merece la pena ser leída, incluso cuando, como casi todo el mundo, conozcas ya la trama y su desenlace, pero solo si te gusta leer, porque de lo contrario toparás con fragmentos espesos que te desanimarán bastante. La historia, o las historias principales, se interrumpen con reflexiones sociales, económicas, políticas, filosóficas o morales. Leyendo esta novela sufres altibajos, a veces piensas que es excepcional y tiene frases para la posteridad, y otras piensas que es un tostón…

-Título: Ana Karenina.
-Autor: Lev Nikoláyevich Tolstói.
-Género: Narrativa.
-Editorial: Varias. La mía es una edición conmemorativa de Austral.
-Precio: 14,95€.
-Isbn: 9788467032802.
-Alma: desdichada y trágica, celosa, de desgarro y abandono.

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