
Hoy os voy a
hablar de los regalos. Este tutorial os servirá no solo a la hora de comprar un
libro, sino que lo maravilloso de él es que os será útil para cualquier clase
de regalo. En esta ocasión ya no os pongo la música de Barrio sésamo, pero tarareadla
vosotros en vuestra cabeza…
Bien, cuando
compramos algo con intención de regalar, queremos que esté envuelto. Pero en el
complejo mundo del empaquetado para regalo hay varios escalones:
El nivel más
bajo de empaquetado es el sobre de regalo. Tiene una ventaja esencial: su
simplicidad. Cualquier empresario puede amaestrar a un mono para que introduzca
la compra en el sobre, retire la protección del adhesivo y pegue la solapa, de
modo que pueda ofrecer el servicio de empaquetado a sus clientes. Algunos
incluso se conforman con menos: pides que te lo pongan para regalo y el
dependiente, casi con indignación, como si le estuvieras pidiendo algo
irrazonable, arrampla con un par de sobres y los mete en la bolsa sin decir
palabra, pensando que si un mono puede hacerlo, también puedes tú, que él tiene
cosas mucho más urgentes que hacer. Yo a veces los pido solo por fastidiar…
Las ventajas
del sobre son, pues, claras. Pero no nos engañemos, el nivel de cutredad es
alarmante. Llegas al cumpleaños de la Señá Ramona, todas sus amigas de la
residencia le han entregado paquetes chulísimos llenos de lazos y tú le das tu
sobre, un poco arrugado porque no se ajusta bien al contenido. Y claro, la Señá
Ramona te dirá: “Ay niño, qué poco te has esforzado… ¿Es que no me quieres?”. Y
llorará, y habrás arruinado un día feliz, y eso es muy triste.
Por eso me
sorprende cuando la gente pide sobres. No, pedid que os lo envuelvan, que si el
comercio no dispone del servicio ya os dará el sobre.
El siguiente
escalafón regalístico es la caja. Desde luego, comparado con el sobre, ¿dónde
va a parar? Aún así no es lo ideal. El contenido casi nunca se ajustará
perfectamente, y lo nuevamente sencillo de su uso transmite una sensación de
desidia que no pasará desapercibida a la persona que obsequiamos. Al menos en
una caja los lazos quedan mejor, porque ponérselos a un sobre es como
ponérselos al Guardián de la Cripta, casi lo empeora.